martes, 9 de febrero de 2010

Epicamente fallido (otra vez)

Y todos vuelven a la carga, todos a dar por culo con sus problemas y sus manías. Zapatero y el gobierno han visto como "el acontecimiento más grande de la historia", al que teníamos que estar atentos porque era la conjunción de dos exitosos gobiernos socialistas aquí y al otro lado del charco, con la potencia mundial número 1, se queda en nada porque los problemas de agenda no dejan a Obama pasarse por España. Pena de foto.

Además de eso, seguimos con la crisis económica, pero se aumentan las ayudas, que si, que está bien, pero algo más habrá que hacer a parte de gastar más dinero. Igual toca trabajar hasta los 67 años para poder reponer lo gastado.

En el otro lado, el señor de la barba que ni pincha ni corta ha vuelto a ser ninguneado por el ex presidente de su partido que a la vez lo fue del gobierno. Ninguneado porque se lo merece, porque no ha hecho nada y porque no tiene ni idea. "Hijo de puta" así sentenciaba la "mano derecha" o izquierda o la de la guadaña que viene a asesinar a sus enemigos. Me quedo con esta última. Gallardón es un cero a la izquierda. Quizá espere a que le crezcan las cejas para decir algo.

Por último, aunque un poco tardío, Gabilondo ha confirmado lo que todos pensábamos. La gripe A ha sido un timo. ¡Bien!, por lo menos él, que ya nos estuvo engañando cuando había que engañarnos (con lo de la gripe A digo) ha reconocido el error. Otros medios no lo reconocerán nunca.

Yo me enfado por tí

Una persona me importa más que nada en el mundo. Una persona tiene un problema. Que ella tenga un problema supone que está triste. Que ella esté triste me pone a mi triste. Si el problema no estuviera, ella no estaría triste. Pero el problema va a seguir ahí. Sí o sí va a seguir ahí. A ella el problema le enfada mucho. A mi no tanto. No te preocupes cariño, yo me enfado por tí. Ahora ella está contenta. Y yo, yo la veo feliz.

sábado, 6 de febrero de 2010

En algún lugar de la nada

En algún lugar de la nada probablemente el miedo exista. Probablemente la ira, el terror y la violencia sean el pan nuestro de cada día. En algún lugar de la nada probablemente nadie quiera vivir. Ni siquiera los que ya viven allí. Casi con total seguridad morirá gente diariamente. Casi seguro algún niño caerá. Casi seguro.

Pero en algún lugar de la nada probablemente exista la felicidad. Y probablemente el amor, la risa y las buenas acciones sean el pan nuestro de cada día. En ese lugar de la nada la gente es muy probable que quiera vivir. Los que no viven allí desean hacerlo y los que viven alli desean continuar. Probablemente unos médicos eficientes salven la vida a varias personas diariamente. Y es casi seguro que serán niños. Casi seguro.

El problema de ese lugar de la nada es que es un planeta que se llama Tierra. Y el problema de ese lugar de la nada es que muy probablemente todo lo escrito ahí arriba sea cierto. Y es que el problema de ese lugar de la nada es que aunque parezca que hay muchas cosas que valorar, muchas cosas buenas y malas que al final acaban compensandose, lo que de verdad hay en algún lugar de la nada es nada.

martes, 2 de febrero de 2010

Historia de dos Ratas

Durante la Edad Media, uno de los animales más comunes eran las ratas. Su número era muy alto y, por lo tanto, las referencias hacia estos animales eran continuas y muy variadas*. De hecho, rebuscando en bibliotecas, encontré una reproducción de una conversación entre dos ratas inglesas hablando sobre la época tan dura en la que les había tocado vivir. Reproduzco aquí un fragmento de interés moderado, pero es que son ratas, tampoco es que tengan conversaciones muy profundas. Los nombres de estas ratas son Arturo y Lancelot, y por lo que hemos deducido del contexto debían formar parte de un grupo de guerreros liderados por el tal Arturo.

Lancelot: Arturo, creo que me estoy cagando.

Arturo: Son los nervios de antes de la batalla. Aguanta.

L: Hablando de batallas, yo tengo una duda con respecto a nuestra labor. ¿Por qué estamos nostros aquí y no el rey?

A. ¿Tú tienes sangre azul?

L: No, y él tampoco.

A: Pues claro que tiene sangre azúl.

L: Que te digo yo que no, que el otro día se corto cuando se empeñó en arreglar las cortinas con la espada y la sangre era roja.