sábado, 6 de febrero de 2010

En algún lugar de la nada

En algún lugar de la nada probablemente el miedo exista. Probablemente la ira, el terror y la violencia sean el pan nuestro de cada día. En algún lugar de la nada probablemente nadie quiera vivir. Ni siquiera los que ya viven allí. Casi con total seguridad morirá gente diariamente. Casi seguro algún niño caerá. Casi seguro.

Pero en algún lugar de la nada probablemente exista la felicidad. Y probablemente el amor, la risa y las buenas acciones sean el pan nuestro de cada día. En ese lugar de la nada la gente es muy probable que quiera vivir. Los que no viven allí desean hacerlo y los que viven alli desean continuar. Probablemente unos médicos eficientes salven la vida a varias personas diariamente. Y es casi seguro que serán niños. Casi seguro.

El problema de ese lugar de la nada es que es un planeta que se llama Tierra. Y el problema de ese lugar de la nada es que muy probablemente todo lo escrito ahí arriba sea cierto. Y es que el problema de ese lugar de la nada es que aunque parezca que hay muchas cosas que valorar, muchas cosas buenas y malas que al final acaban compensandose, lo que de verdad hay en algún lugar de la nada es nada.

martes, 2 de febrero de 2010

Historia de dos Ratas

Durante la Edad Media, uno de los animales más comunes eran las ratas. Su número era muy alto y, por lo tanto, las referencias hacia estos animales eran continuas y muy variadas*. De hecho, rebuscando en bibliotecas, encontré una reproducción de una conversación entre dos ratas inglesas hablando sobre la época tan dura en la que les había tocado vivir. Reproduzco aquí un fragmento de interés moderado, pero es que son ratas, tampoco es que tengan conversaciones muy profundas. Los nombres de estas ratas son Arturo y Lancelot, y por lo que hemos deducido del contexto debían formar parte de un grupo de guerreros liderados por el tal Arturo.

Lancelot: Arturo, creo que me estoy cagando.

Arturo: Son los nervios de antes de la batalla. Aguanta.

L: Hablando de batallas, yo tengo una duda con respecto a nuestra labor. ¿Por qué estamos nostros aquí y no el rey?

A. ¿Tú tienes sangre azul?

L: No, y él tampoco.

A: Pues claro que tiene sangre azúl.

L: Que te digo yo que no, que el otro día se corto cuando se empeñó en arreglar las cortinas con la espada y la sangre era roja.

Los verdes prados de Francia

En los verdes prados de Francia hay una casa. Y en la casa vive una familia. No están todos los miembros porque algunos marcharon. La hija mayor se fue de la casa para vivir con su nuevo marido al que no amaba unos kilometros más al sur. La madre murió de frio en pleno invierno.

En la casa sólo queda el padre y la hija pequeña. El padre trabaja en una fábrica de Nike cosiendo zapatillas y balones. La hija también. Pese a que los dos trabajan, la madre murió de frío en invierno porque no podían pagar la calefacción. Los dos comen sobras que les dejan desde una ONG. Pero los dos trabajan. Aún así, la hija mayor tuvo que marcharse con su nuevo marido al que no amaba unos kilómetros más al sur para que su padre y su hermana pequeña pudieran alimentarse con esa poca comida que les llegaba. Y los dos trabajan.

La hija pequeña sueña con tener algún día una muñeca. El padre sueña con tener algún día una cuenta de ahorro para que sus hijas tengan algo en el futuro. En la fábrica sólo cosen. Es su trabajo. Ganan dinero. Eso no quita para que la hija sueñe con tener algún día una muñeca. La hija mayor ya no se preocupa por el dinero. El padre sigue soñando con tener una cuenta de ahorro.

En los verdes prados de Francia la felicidad queda lejos. Todo el mundo trabaja, pero la gente se muere de frío, se casa con gente que no ama para que a su familia le llegue la comida que una ONG les cede, sueña con tener una muñeca o una cuenta de ahorro. Perdón, ¿He dicho Francia? vaya, me he vuelto a equivocar de país.

lunes, 1 de febrero de 2010

Haz caso a tu madre

Hoy estoy melancólico. La culpa la tiene una canción. Esta para ser exáctos:



Todo lo que dice la canción parece un tópico, pero me recuerda tanto a todo lo que mi propia madre me ha dicho en algún momento. Con palabras diferentes, con situaciones cambiadas, pero esa misma idea. "Por cada uno de los dos lo daría todo".

Mi madre. Esa señora a la que en un momento grito y en otro mantengo una conversación normal. Esa persona a la que a veces veo con desconcierto, como si fuera una desconocida y otras veces me veo a reflejado en ella en todos los aspectos.

Mi madre. La que me sigue repitiendo que si bebo me controle, que cambie las sábanas y que recoja el lavavajillas. La que cada vez que puede me dice que me quiere mucho, aunque eso me sonroje y me avergüence un poco (Aunque siempre gusta escucharlo). La que a veces hace cosas que te enfadan o te dan vergüenza ajena. Pero sobre todo es la persona que siempre está ahí, de noche, de día, en invierno y en verano, cuando estoy bien y cuando estoy mal, incluso cuando estoy regular.

Parece que eso lo dicen o lo hacen todas las madres, pero la mía lo dice para mi, y lo hace mejor y más alto, y la tuya... La tuya para ti que yo ya tengo una y no la cambio.